lunes, 13 de octubre de 2008

La catástrofe

Hace ya varios años (cuatro, cinco o más) que muchos sabíamos que lo de la burbuja inmobiliaria no podía durar eternamente. Algunos amigos míos se empecinaban en cambiar de piso cada dos o tres años, comprando cada vez más caro e hipotecándose por más tiempo, al alegre grito de "los pisos nunca bajan". Según ellos, "en el peor de los casos, siempre tienes el piso y puedes venderlo".

Yo les decía (no me desmentirán) que "además de lo frustrante que resulta comprar algo a un precio que sabes que está artificialmente inflado, lo de pagar hoy treinta por un piso para venderlo el año que viene por cuarenta no puede ser ilimitado. Tiene que llegar un momento en que la subida de los precios alcance el techo de lo que los compradores son capaces de asumir. Entonces la construcción de nuevas casas se detendrá, y llegará el auténtico problema: los que construyen esas casas dejarán de comprar todo-terrenos, de salir de cañas y de renovar el vestuario; y la economía se hundirá ."

Félix Soria escribía esto a principios de 2007 (negritas suyas):

"Las previsiones de casi todos los analistas coinciden en que el precio de las viviendas está entre un 30% y un 100% por encima de su valor real, según superficie, ubicación y calidades. Cuando se desinfle la burbuja inmobiliaria (lo que ocurrirá a partir del otoño del 2007, según la mayoría de especialistas) dejarán de encarecerse e incluso se pueden abaratar entre un 15% y un 25%."

Y hoy:

"Si el precio medio de los pisos cayera de forma generalizada --aunque sólo fuera un 10%-- resultaría que el nuevo valor de cientos de miles de viviendas depreciadas exigiría más pronto que tarde el correspondiente asiento contable.
Más sencillo: La garantía hipotecaria (el valor del piso) sería menor que el reflejado en los libros contables. ¿Consecuencias? Primera, el banco se descapitalizaría y, segunda, el propietario del piso (el que paga la hipoteca) estaría abonando intereses por el capital con el que compró algo que vale menos de lo que recibió prestado.
Luego, ¿quién paga gran parte del desmadre habido y del que hay?: Los ciudadanos con pisos hipotecados."
El peor de los casos es bastante peor de lo que imaginaban.

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