Javier Ortiz escribe en Público y en su blog acerca de las declaraciones del presidente de la Conferencia Episcopal católica, Antonio Rouco, en las que manifiesta su disgusto por los anuncios aparecidos en los autobuses urbanos de Madrid, tras hacerlo en Barcelona y, antes aún, en Londres. Ya saben, aquello de "Probablemente, Dios no existe. Deja de preocuparte y disfruta de la vida".
"A Rouco le preocupa que se utilicen “espacios públicos” –los autobuses– “para hablar mal de Dios”. ¡A qué extremos puede llevar el subjetivismo! En primer lugar, nadie habla mal de Dios. Un agnóstico no puede hacerlo. Nadie habla mal de lo que tiene por inexistente. Jamás se me ocurriría denigrar a los venusianos. Otra cosa sería criticar a alguien que nos exigiera sumisión a los venusianos. En segundo lugar: quien utiliza en España “espacios públicos” para hacer proselitismo –no sólo gratis, sino incluso subvencionado– es la Iglesia católica, que tiene a su disposición la radiotelevisión pública para darnos la murga a diario con sus peculiares creencias."Los católicos recalcitrantes ni se plantean la mera posibilidad de que los ateos y los agnósticos seamos gente normal, sana, cuerda, pacífica y bondadosa. Para ellos, los ateos y agnósticos somos individuos de una especie diferente, indignos de respeto, ni siquiera merecedores de ser escuchados, ni aun percibidos.
Porque, claro, el principal peligro para el éxito de una religión no es el creyente de otra religión, sino el que pone en tela de juicio el principio mismo de la creencia.
(Actualizado a las 11:00. Escribir de noche es lo que tiene)
